jueves, 25 de abril de 2019

Pañuelazo verde en Congreso por aborto legal en Argentina

Movilización en Neuquén por el aborto legal, seguro y gratuito

12 años del aborto legal en CdMx

Objetivos – Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal ...

Objetivos – Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal ... www.abortolegal.com.ar/objetivos/ Objetivos Queremos que los derechos sexuales y los derechos reproductivos sean reconocidos como derechos básicos de todas las personas. Para eso, es necesario garantizar el acceso universal a los servicios públicos de salud y educación que los sostienen. Nuestro lema, así como nuestro trabajo de años es integral: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Esto implica realizar modificaciones en los sistemas de Educación, Salud y Justicia, y también, por supuesto, profundos cambios culturales. Proponemos despenalizar y legalizar el aborto para que las mujeres que decidan interrumpir un embarazo tengan atención segura y gratuita en los hospitales públicos y obras sociales de todo el país. La defensa del derecho al aborto es una causa justa en razón de su contenido democrático y de justicia social, que busca asegurar el goce de los derechos humanos a las mujeres hoy privadas de ellos. Trabajar por el derecho al aborto en razón de justicia social, es reconocer que en el contexto latinoamericano, sumido en la pobreza y la desigualdad social, son las mujeres pobres quienes sufren o mueren por abortos realizados en clandestinidad, excluidas también de otros bienes culturales y materiales. La ilegalidad del aborto da lugar a prácticas diferenciadas según la condición socioeconómica de la mujer y a la falta de información. No queremos ni una sola muerta más por abortos clandestino. Queremos ampliar la democracia, garantizando este derecho a las afectadas por una sociedad patriarcal que limita, vulnera y subordina al 52% de la población. Una democracia verdadera debe atender nuestra salud, proteger nuestra vida y habilitar nuestras decisiones frente al dilema de un embarazo no deseado. Nos inspira la necesidad de un estado laico: las directivas de las iglesias no deben ser colocadas por encima del derecho a la libre decisión de las personas, incluso cuando esas decisiones se vinculan a la sexualidad o reproducción humana. Proponemos una ley que autorice, y no que obligue. Además de la legalización y despenalización del aborto exigimos: La inmediata la reglamentación de la atención humanizada del post-aborto, y la atención en los servicios públicos de salud a mujeres y niñas que deciden abortar en los casos en que peligra su vida y su salud o ante situaciones de violación, que el artículo 86 del Código Penal Nacional ya exime de pena. La aplicación efectiva en todo el país de la Ley 25.673 de Salud Sexual y Procreación Responsable. Cumplimiento del Compromiso para la Disminución de la Mortalidad Materna y el Protocolo de Asistencia Humanitaria del Post-aborto. Consideramos un avance el anteproyecto de Reforma del Código Penal, elaborado por la Comisión de Juristas convocada por el Ministerio de Justicia. Proponemos ampliar la participación en el debate e incidir en su discusión, para lograr que se incorporen nuestras propuestas y respeten nuestros derechos. Invitamos a opinar sobre la reforma del Código Penal en la consulta popular abierta en la web del Ministerio de Justicia, en apoyo de su tratamiento en el Congreso Nacional. Afirmamos un paradigma de ciudadanía que ya no puede darse el lujo de discriminar a las mujeres por su especificidad de género. Tomamos la despenalización propuesta por este anteproyecto como base para avanzar hacia los objetivos más ampliosexpresados en el lema de la campaña. Sumate a la Campaña, ¡contactanos!

Se cumplen siete años del fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que interpretó el artículo 86 del Código Penal

Se cumplen siete años del fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que interpretó el artículo 86 del Código Penal y estableció que que cualquier interrupción del embarazo producto de una violación no es punible, tanto para la mujer como para la persona que lleve adelante el procedimiento. El 13 de marzo de 2012 la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) sancionó el denominado Fallo F.A.L. que fijo los límites e interpretación del Código Penal de 1921 sobre los casos en que el aborto no será punible en Argentina, tras un caso sucedido en la provincia de Chubut. 25/4/2019 El fallo F.A.L cumple años https://www.diariojudicial.com/nota/82970 2/5 Con los votos de Lorenzetti, como presidente del cuerpo en ese momento, Elena Highton de Nolasco, Carlos Fayt, Juan Carlos Maqueda, Raúl Zaffaroni, Enrique Petracchi y Carmen Argibay, el Máximo Tribunal determinó que una mujer podrá acceder a un aborto sin barreras institucionales en los casos donde se encuentre en peligro la vida o la salud de la mujer, o bien, si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer “idiota o demente”. De la misma manera, el fallo ordenó que los poderes ejecutivos nacionales y provinciales implementen protocolos hospitalarios para “la concreta atención de los abortos no punibles a los efectos de remover todas las barreras administrativas o fácticas al acceso a los servicios médicos”. El fallo denunció qu “ e la judicialización de esta cuestión, que por su reiteración constituye una verdadera práctica institucional, además de ser innecesaria e ilegal, es cuestionable porque obliga a la víctima del delito a exponer públicamente su vida privada El hecho caratulado como “F., A.L. s/medida autosatisfactiva”, se originó cuando la madre de una menor de 15 años, oriunda de Comodoro Rivadavia que fue violada por su padrastro y quedó embarazada, pidió que se le realice una interrupción del embarazo en un hospital público, pero su reclamo fue rechazado en primera y segunda instancia de la justicia chubutense. Cuando la joven cursaba la semana 20 de gestación intervino el Tribunal Superior de Justicia provincial que encuadró el caso como uno de los supuestos de aborto no punible y autorizó la realización de la intervención. A pesar que el aborto fue realizado, un funcionario judicial de la provincia apeló la resolución ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación que finalmente determinó que cualquier mujer puede acceder a un aborto no punible en caso de que el embarazo sea producto de una violación, sin importar su estado de salud mental. "La judicialización de esta cuestión, que por su reiteración constituye una verdadera práctica institucional, además de ser innecesaria e ilegal, es cuestionable porque obliga a la víctima del delito a exponer públicamente su vida privada, y es también contraproducente porque la demora que apareja en su realización pone en riesgo tanto el derecho a la salud de la solicitante como su derecho al acceso a la interrupción del embarazo en condiciones seguras#, señaló el Máximo Tribunal. Además, la resolución estableció que "el Estado, como garante del sistema de salud pública, debe asegurar las condiciones necesarias para que los abortos no punibles se lleven a cabo de manera rápida, segura y accesible, y exhortó a las autoridades nacionales y locales a implementar y hacer operativos protocolos hospitalarios de atención de los abortos no punibles". Sobre ese punto, los datos oficiales provenientes de la Secretaría de Salud muestran que, a siete años de la sanción, sólo diez provincias adhirieron efectivamente al protocolo: Jujuy, La Pampa, La Rioja, Misiones, Salta, Santa Cruz, Santa Fe, Tierra del Fuego, Entre Ríos y Chaco. Por su parte, Catamarca, Chubut, Ciudad de Buenos Aires, Neuquén, Río Negro y Buenos Aires cuentan con protocolos propios, mientras que Formosa, San Juan, San Luis y Mendoza adhieren de hecho al protocolo nacional. Finalmente, Córdoba, Corrientes, Santiago del Estero y Tucumán se niegan a establecer protocolos que permitan a las mujeres acceder a un aborto en una institución pública sin riesgo de ser detenidas. La Corte dejo en claro que para acceder a este tipo de prácticas no se necesita una autorización judicial previa, tampoco una denuncia o elementos probatorios en casos de violación. Se les debe garantizar a todas las personas gestantes la intervención de más de un profesional de la salud, o la solicitud de consultas o dictámenes médicos o interdisciplinarios.

lunes, 22 de abril de 2019

Claudia Korol:“Un varón puede intervenir en la lucha feminista si renuncia a sus privilegios, pero es muy difícil que eso pase”

Claudia Korol:“Un varón puede intervenir en la lucha feminista si renuncia a sus privilegios, pero es muy difícil que eso pase” PUBLICADO EL MARZO 8, 2017 POR DERROCANDO A ROCAIN ENTREVISTA, FEMINISMO S IMG_4204 Su mirada llega de abajo, desde la base. Y sonroja, enmudece, porque se trata de un feminismo que construye en espacios que debieran serbortar en buenos aires, medicos que ha para la libertad, pero que reproducen la historia de los dominadores. Derrocando a Roca entrevistó a Claudigan abortosa Korol, quien recupera su labor de más de 20 años de militancia, pero que también opina sobre las consecuencias del “tetazo”, la trascendencia política del Paro de mujeres del 8 de marzo y critica al “posmodernismo academicista” y las disputas dentro del feminismo: “Es muy sencillo estar entre las que pensamos parecido pero para cambiar la sociedad y cultura patriarcal hay que salir cada una de sus certezas y verdades” Por Estefanía Santoro @FanuSantoro Audiovisual: Cami Rojas Claudia sonríe al hablar, se expresa lento y con pausas, se toma el debido tiempo y usa las palabras justas, palabras cargadas de afecto y solidaridad, esas que nos ayudan a crear lazos de compañerismo y otros modos de relacionarnos sanamente. Korol es educadora popular desde hace más de 20 años y trabaja en el interior de diversas organizaciones para deshacer las costumbres patriarcales y la violencia machista. Recuerda una situación en el Chaco, donde era difícil pensar la participación de las mujeres dentro del movimiento del que formaban parte. Todas ellas tenían una gran sobrecarga de trabajo en sus casas, con 8 hijxs o más. Al momento de organizar sus actividades, los integrantes del movimiento no tenían en cuenta esta situación, por lo que el lugar designado para ellas era el mismo que en su casa: la cocina y tareas de limpieza. En el espacio que debía ser un lugar de militancia se terminaba reproduciendo el lugar de la mujer en la casa. De eso nos habla Claudia, de las formas de opresión visibles, pero también de las otras, las solapadas e indirectas que inconscientemente se encuentran legitimadas producto de las imposiciones que profesa el sistema de supremacía del hombre sobre la mujer: “No es que había leído a Simone De Beauvoir y pensaba como aplicarlo en la cotidianeidad, sino que empezamos a entender juntas que era el patriarcado. La violencia que sufrían mis compañeras no era un caso aislado, sino que era un sistema político de opresión, luego empezamos a entender que ese sistema de opresiones fortalecía al capitalismo. El trabajo que las mujeres hacemos pensando que es por amor es un regalo que le hacemos a la burguesía. Así era como lo discutíamos”. Antes de reconocerse feminista comenzó a dialogar con sus compañeras acerca de estas situaciones para buscar otras formas de participación posibles: “Yo misma, que no era feminista, tuve que explicar que era lo que pasaba porque, a su vez, había casos aislados de violencia que sufrían algunas mujeres y si se tenían que ir de la casa teniendo diez hijos, sin un trabajo reconocido, era imposible. Lo mismo pasaba en los casos de las jovencitas que eran madres. Me acerqué a buscar respuestas de por qué sucedía eso”. 2 En su trabajo en defensa de los derechos de mujeres, lesbianas, travestis y trans, también se encontró con la resistencia de sus propios compañeros de militancia. El feminismo le dio respuestas, herramientas para desmantelar esas estructuras de poder masculino dentro de las organizaciones donde ella y sus compañeras participaban. _ ¿Cómo se trabaja con los varones la violencia machista en el interior de la organización? _ Nosotras le planteamos: ustedes son anti capitalistas, pero aceptan que se regale el trabajo delas que consideran sus mujeres. Tratar de resolver esas injusticias nos costó mucho porque implicó descubrir y debatir que al interior de nuestra organización había prácticas machistas y patriarcales. Cuando en los talleres discutíamos la familia como lugar de reproducción de las opresiones de las mujeres, llegamos a la conclusión de que paralelamente a la lucha anticapitalista había quedar una lucha al patriarcado. Todo esto fue hace 20 años. Recuerdo que el Frente Darío Santillán, por ejemplo, asumió un debate desde el espacio de mujeres para que toda su organización sea antipatriarcal y lo logró, fue un cambio muy importante. Igualmente que una organización se defina como antipatriarcal, no significa que lo sea en su práctica. Hay que debatir qué pasa con el trabajo: Que la organización de actividades políticas no signifique cuadriplicar la jornada de trabajo de las mujeres, porque a la jornada de trabajo afuera de la casa,tenemos que sumarle la que hacen dentro de la casa, en el movimiento y no se resuelven las demás inequidades. Nosotras queremos ser protagonistas de la historia, pero hay costos personales, estrés, cansancio, la relación con los hijxs, y además hay temáticas que no terminamos de abordar, como por ejemplo,una maternidad que no reproduzca una cultura patriarcal y construya una educación de niñxs como jóvenes libres. _ ¿Cómo vivís esa situación a nivel personal? _ Es muy costoso. En mi caso, con una hija de 20 años que empieza a salir a los 14 o 15 años, ¿cómo hacer para no tener o no transmitirle miedo? Cómo hacer para que se sepan cuidar, cómo educar no en el miedo sino en la libertad, pero sin ingenuidad.Esas son cosas que nadie nos enseñó, porque en general lo que se enseñó es que la madre tiene que cuidar y proteger, pero a través del miedo. Son temas no hablados, como tampoco es hablada la sexualidad, por ejemplo, y a veces parecería que es algo secundario, que nos distrae de las grandes luchas. Pero muchas de las opresiones se resuelven en la cama y en la falta o no de soluciones y políticas del deseo, y así hay un montón de cosas que se abren como nuevas y posibles para seguir pensando. _ ¿Cómo es la enseñanza que imparten en los espacios de militancia las organizaciones populares de las que participas? _ No tenemos una gran sistematicidad en la propuesta pedagógica. Se trata de reintegrar todo lo que disoció el sistema educativo, religioso y cultural. Se ubica al cuerpo en la vida, porque la escuela lleva a disociar lo que es el cuerpo del pensamiento y de los afectos, porque sino te convertís en un chico o una chica conflictiva. Y el cuerpo es el primer territorio para las mujeres donde se sufren todas las opresiones,pero al mismo tiempo donde está la fuerza y la energía para la resistencia y para la construcción de algo diferente. En nuestros talleres sobre la corporalidad tratamos de identificar las marcas que las opresiones nos van dejando, nuestra subjetividad como parte de nuestra corporalidad. Y a partir de la identificación de esto, pensar cuáles son nuestras heridas, nuestros dolores, la historia de cada herida porque a veces no es una herida que me hicieron a mí, es una herida que le hicieron a mi mamá, a mi tía, también está bueno reconocer esa genealogía de la que venimos, por eso se establece una pedagogía del afecto en cierto punto. Del encuentro de los cuerpos, del abrazo, de la solidaridad, distintas dimensiones que van haciendo a una centralidad de las personas individual y colectivamente. 1 _ Ante el paro de mujeres del 8 de marzo, hay sindicatos que no adhieren, como el caso de la CGT, o que no se movilizan para que las trabajadoras puedan hacerlo y así evitar que les descuenten la jornada. ¿Qué opinión tenés sobre el tema? _ Es un paso importante que las mujeres de las tres centrales sindicales hayan resuelto marchar juntas, algo novedoso para la historia. Pero efectivamente, las conducciones de las centrales no tienen una actitud coherente y no me asombra en absoluto. Se trata de la burocracia sindical,la que no defiende los intereses de los trabajadores masculinos, menos los de las mujeres. No tienen ningún interés, está formada para parar la lucha y la movilización, sino no se puede explicar que hasta ahora no haya habido un paro contra Macri. Ya no digo las mujeres, sino un paro general. Estamos perdiendo derechos sociales todos los días. Me alegra que el primer paro nacional a Macri se lo hicimos las mujeres. _ ¿Qué opinás de la participación masculina en el paro de Mujeres? _ No me interesa que los varones participen. Es un paro que no solo abarca las tareas sindicalizadas productivas sino también las tareas que los sindicatos jamás quisieron reconocer ni visibilizar como es el trabajo de las mujeres en las casas, porque sindicalizan a la trabajadora doméstica, a la empleada, pero el trabajo que las mujeres realizan en general no solo nunca lo tuvieron en cuenta, sino que han imposibilitado que eso sea considerado trabajo. Y el trabajo de las mujeres trabajadoras rurales que están toda la jornada cuidando la tierra, plantando, sembrando, cuidando a los animales, no tiene ningún tipo de reconocimiento a pesar de que un alto porcentaje de lo que comemos lo producen las trabajadoras rurales. No me interesa que los varones y menos que los burócratas se llenen de protagonismo. Claro que también hay mujeres burócratas, por eso está bueno que también las mujeres que salimos a las calles las identifiquemos como parte del sistema político de dominación. _ ¿Consideras que la creación de nuevas leyes o el aumento de penas en caso de cometerun femicidio o un travesticidio ayudaría a disminuir la violencia machista? _ Es un debate difícil. El castigo no resuelve el problema si no hay educación y si no hay un cambio de sistema estructural. Pero nosotras queremos que estén presos y en cárcel común los militares genocidas, también los asesinos materiales e intelectuales de Darío y Maxi, de Carlos Fuentealba, de Marta Cáceres y luchamos por eso. Si no hay ningún tipo de sanción mientras luchamos por cambiar la sociedad, se fortalecen los mecanismos de impunidad. Con los femicidios sostengo lo mismo, porque sino hasta ahora lo que había era un “crimen pasional” o uno que “se volvió loco por amor”. Haber puesto la figura del femicidio como parte de una figura de violencia específica y sistemática es visibilizar el patriarcado. Así como el “Nunca más” y el juicio a los genocidas es un “basta” a la política de violencia histórica con la cual el sistema capitalista construyó su acumulación de capital y poder, este tipo de medidas sin resolver, sin ser la solución, es nuestra forma de decir basta a esa impunidad de la que gozan los femicidas. También sabemos que hay una respuesta más violenta a veces, mandamos a uno preso y hay cinco crímenes más al día siguiente. Ningún sistema cae porque el opresor se rinda, tampoco el patriarcado. Eso genera un conflicto mayor porque nos atraviesa, están en nuestras vidas, son parejas, hermanos, padres, hijos y vienen con el discurso del amor, entonces los medios de comunicación lo acentúan en ese sentido. La única manera de que un varón pueda intervenir de algún modo en esta lucha es renunciar de verdad a sus privilegios y es muy difícil que eso pase porque hay una corporación de varones que se favorecen, que se encubren desde los tribunales y desde la policía.Esos mecanismos hay que desarticularlos, lo cual implica una batalla muy grande. IMG_4207-Editar _ ¿Qué opinas de las feministas que se resisten a incluir y apoyarla lucha de las travestis y trans? _ Lohana Berkins fue la primera que plantó ese debate en Argentina. Tenía mucho que ver con un feminismo biologicista, que identificaba la ideología con el cuerpo de mujeres. Las travestis y trans sufren las heridas de la sociedad patriarcal y no hay ninguna contradicción en que sean parte de la lucha feminista. En lo que no estoy de acuerdo, que tienen que ver con posiciones posmodernas, es que en pos de esa inclusión de otras identidades se diluya o cuestione el lugar de sujeto mujer porque es parte de la hegemonía binaria, como el caso de algunas lesbianas que no se identifican como mujeres. Por lo menos en los grupos populares, la mayoría de las mujeres no tienen conciencia de las opresiones como mujeres siquiera, entonces plantear que ahora nos vamos a olvidar del género, a des-generizar cuando todavía no llegaron a asumir la identidad como mujeres o lo hacen de manera muy precaria, como una naturalización “esto nos toca porque nacimos mujer”, genera una tensión muy grande. Sacar esa identidad de grupos populares debilita la posibilidad de construir un feminismo radical antipatriarcal, y hasta llega a conectar, finalmente, con la idea de “somos más o menos lo mismo, esto está superado…”. Esa lógica está atravesada por el impacto de la cultura académica posmoderna. _ Luego del “tetazo”, salieron a la luz críticas muy fuertes, sobre todo de mujeres qué cuestionaban el feminismo y sus métodos de lucha ¿Qué estrategias como feministas podemos emprender para acercarnos a quien no siente aún la lucha feminista? _ Si tuviese la respuesta creo que estaríamos felices. Hay dos cosas que son claves: por un lado está la importancia de unir fuerzas para una lucha contra un sistema como el patriarcal que es inmenso. Pero por otro lado, hay una parte de la cultura hegemónica que nos ha enseñado que lo de las mujeres es la pelea, la disputa, y a veces eso, inconscientemente se traslada incluso al feminismo. Si estudiás la historia del feminismo vas a encontrar a las autónomas contra las institucionales, las académicas y las populares. Es muy sencillo estar entre las que pensamos parecido pero para cambiar la sociedad y cultura patriarcal hay que salir cada una de sus certezas y verdades, no para no creer en ellas sino para pensar que podemos dialogar y generar redes en función de una batalla que es muy compleja. Podemos conservar el sentido de pertenencia, de identidad, de convicciones y a la vez tejer relaciones que no sean de competencia, porque la competencia nos la están imponiendo. Para esto hace falta una educación popular feminista, no para ser más buenas sino para ser revolucionarias, derrumbar las estructuras patriarcales, las que están claramente visibles en la corporalidad y la acción de los varones, pero también las que atraviesan nuestras propias prácticas feministas. _ ¿Te encontrás en tus espacios de militancia con mujeres que no se sienten representadas por el movimiento feminista? _ Hay compañeras que se organizaron, por ejemplo, en los movimientos piqueteros. Primero se asumieron en una asamblea de mujeres y después empezó el debate sobre si eran o no feministas. Incluso iban a los encuentros nacionales de mujeres y decían que no lo eran o que no luchaban por esas cuestiones. Mi hija, por ejemplo, no se asumía feminista hasta que de a poco me empezó a preguntar cómo se hace un aborto con pastillas o determinada información que sabía que yo le podía aportar. No decimos que acompañar a una mujer a hacerse un aborto o a Tribunales a denunciar a su violentador, implique que a partir de ahí se reconozcan como feministas, para nada. La práctica común entre las mujeres afectadas por la violencia patriarcal y las feministas, después lleva un reconocimiento y una aprobación. Genera una inquietud y una solidaridad. Por eso a nosotras nos gusta decir que nuestro feminismo como una de las tantas corrientes que hay es sobre todo un feminismo compañero o compañera, un feminismo de abrazar, de querer, de doler y de alegrarnos. Y cuando una comparte esos momentos vitales, si después una quiere leer a Simone De Beauvoir o a cualquier otra feminista, ayuda y es bienvenido. Pero lo principal se transmite en ese acompañamiento y en ir creando mundos habitables donde incluso podamos hablar de cómo esa batalla por transformar nuestros modos de relacionarnos, de desearnos, de querernos, de vincularnos no sea una reproducción del mundo que queremos destruir po

Las mujeres católicas y la interrupción voluntaria del embarazo

EL PAÍS 22 de abril de 2019 Las mujeres católicas y la interrupción voluntaria del embarazo “Dios me ayuda en la lucha para despenalizar el aborto” Un estudio realizado por la Universidad de Córdoba y la ONG Católicas por el Derecho a Decidir analizó mediante entrevistas el modo en que las mujeres con identidad religiosa transitan y negocian la experiencia de interrumpir voluntariamente un embarazo Por Mariana Carbajal “Yo estaba desesperada, quería hacérmelo ya y que se acabe. Después me agarró esa depresión como esa cosa rara, y después dije, como fue pasando el tiempo, no, ya está, ya lo tenía decidido y punto”, dice Sabrina. Es creyente. Tiene 45 años y fue una de las entrevistadas en una investigación cualitativa sobre mujeres católicas que abortan. El estudio apuntó a entender el modo en que transitan y negocian esa experiencia de interrumpir voluntariamente un embarazo con su identidad religiosa. Una de las entrevistadas expresó su agradecimiento a Dios porque el aborto fue completo y no tuvo complicaciones de salud. Otra de las mujeres que, por decisión de su madre abortó siendo adolescente, “le ofreció a Dios ese hijo”, y en algunos momentos difíciles sintió que la estaba cuidando. Otra mujer, que se refiere a su militancia en la campaña nacional por la legalización del aborto, señala que ella entiende que Dios la apoya en esa lucha. LEER MÁS Creencia y experiencia | “El dolor es desgarrador” Por Mariana Carbajal LEER MÁS Los impactantes relatos de las mujeres entrevistadas | “Qué pasaría si las católicas habláramos” Por Mariana Carbajal Las entrevistas fueron realizadas a mujeres de distinta edades y diversos sectores sociales, con trayectorias educativas diferentes. En total se hicieron diez entrevistas en profundidad. La mayoría, entre 2015 y 2016, en tiempos en que ni se vislumbraba la apertura del debate en el Congreso por la despenalización y legalización del aborto. “El objetivo fue comprender los sentidos que las mujeres le otorgan a la decisión de abortar, en el marco de sus prácticas religiosas”, explicó María Cecilia Johnson, doctora en Estudios de Género, integrante del equipo que llevó adelante el estudio exploratorio. El trabajo se realizó con el apoyo de Católicas por el Derecho a Decidir, bajo la dirección de Juan Marco Vaggione investigador del Conicet y docente de la Universidad Nacional de Córdoba, y María Teresa Bossio, de la Facultad de Ciencias Jurídicas también en la UNC. Y se continúa ampliando el análisis hacia las vivencias de mujeres de otras espiritualidades. Las conclusiones de la primera parte del estudio fueron publicadas en el artículo “Disidencia religiosa y libertad de conciencia. Católicas que deciden abortar” en el dossier “Hacia un buen vivir feminista”, en 2018, en la Revista de Ciencias Sociales y Humanas del Instituto de Investigaciones Socio-Económicas. “La imagen de un Dios que protege y acompaña es la que aparece con mayor relevancia y frente a diferentes situaciones: en algunas, en la certeza de que al abortar nunca se sintieron juzgadas y condenadas por Dios, sino que esa imagen aparece como una forma de contención durante momentos difíciles”, reveló a PáginaI12 Johnson. –¿Qué puntos en común encontraron en los testimonios? –le preguntó PáginaI12. –Si bien el punto de partida es que son mujeres autoidentificadas como católicas que pasaron por una o varias experiencias de abortar, hay distintas maneras de vincularse con la norma religiosa. Algunas, en el momento de abortar tenían muy presente lo que decía la Iglesia; en cambio, para otras, que pertenecen a sectores sociales más empobrecidos, en los que el aborto constituyó una práctica anticonceptiva en situaciones de soledad y de parejas que las abandonaban o presionaban, esa experiencia de pasar por abortos clandestinos, en clínicas muy precarias, las posicionó en contra de la legalización. En las entrevistas esa postura era minoritaria. Pero no es casual que aquellas que pasaron por experiencias clandestinas, de mucha pobreza, son las que hoy, después de acercarse al catolicismo siendo más grandes, tengan bien presente lo que dicta la Iglesia, lo que dice el papa Francisco. –¿Cómo negocian las creyentes con los mandatos religiosos al momento de abortar? –Vimos dos instancias. Por un lado, la moralidad de la situación. Ese es un punto en común entre todas. La de abortar es una decisión moral pero tiene cierto pragmatismo: como sujetos autónomos, ellas valoran por qué lo hacen, bajo qué condiciones están decidiendo no continuar con ese embarazo, su contexto económico, su momento vital. Alguna de las entrevistadas dice que acababa de tener su bebé y estaba muy conectada con su maternidad reciente y había quedado embarazada de nuevo. Es muy distinta esa situación a la de otra mujer que contaba que sufría violencia y que si continuaba con esa gestación iba a tener que continuar con esa relación violenta. Tiene que ver con la valoración de sus necesidades y sus posibilidades en un momento de su vida. Es una decisión moral, que implica la conciencia de las mujeres, como señala la doctrina católica pero, por otra parte, advertimos un momento posterior a esa decisión, donde se juegan las trayectorias y el vínculo con la religiosidad, que lo marcamos como un momento temporal distinto, cuando se reconoce que en alguna circunstancia de sus vidas hubo una trasgresión a la norma de esta institución religiosa, con la que ellas se identifican o pertenecen. –¿Cómo tramitan esa trasgresión? LEER MÁS Penalización social | Sentimiento de culpa Por Mariana Carbajal LEER MÁS Los objetivos | “El aborto no es sólo una cuestión de las feministas” Por Mariana Carbajal –Observamos distintas formas de negociación o de vivirlo. Algunas desde posiciones más críticas hacia la Iglesia Católica, con trayectorias por la universidad pública, pueden identificar miradas críticas hacia la institución y a la vez no dejar de creer en Dios o sentirse católicas, incorporando lenguaje de derechos, conociendo otras experiencias de aborto. Otras señalaban que al momento de abortar desconocían que la iglesia condenaba el aborto. Otras decían que había sido un momento de debilidad moral, que se arrepentían y sabían que Dios las perdonaba. Algunas hacían otras resignificaciones: una de las entrevistadas participaba en su provincia de la organización Católicas por el Derecho a Decidir, lo que muestra ya un proceso de militancia en la campaña por la legalización del aborto. “A mi Dios me acompaña, sé que está de mi lado en esta lucha, no quiere que niños vengan al mundo a sufrir, a pasar hambre”, dijo. Otras tuvieron que manejar qué sucedía posteriormente con la culpa. Algunas señalaban que ese sentimiento había venido después y una, como investigadora, no puede dejar de interpretar y contextualizar que muchas de las que sintieron culpa son aquellas que pasaron por fuertes procesos de estigma y clandestinidad. El hecho de abortar en lugares ilegales te reimprime y refuerza el sentimiento de que estás haciendo algo incorrecto. Algunas pudieron desculpabilizarse y otras, no. –¿Tuvo algún impacto en sus sentimientos el anuncio en 2016 del papa Francisco de conceder a todos los sacerdotes la facultad de absolver “de ahora en adelante” a quienes “hayan procurado el pecado del aborto”? –Ese anuncio había sido reciente cuando hicimos las entrevistas. Analizamos como las afirmaciones del Papa presentan tal ambigüedad que pueden ser tomadas de forma polisémica. Una de las entrevistadas, más politizadas en relación al derecho al aborto, decía que la iglesia no tiene nada que perdonar, que no tenía autoridad moral para dar ningún perdón. Otras sí, decían que las había aliviado el perdón de Francisco. Una de las entrevistadas estaba en contra de la legalización del aborto, me decía que la Iglesia no tenía nada que perdonar, en todo caso, el que perdona es Dios. Para muchas el perdón que importa es el de Dios; muchas ni siquiera se habían confesado por abortar, ni habían hablado del tema con nadie de la Iglesia Católica pero se sentían perdonadas por Dios. Guadalupe Lombardo Católicas por el Derecho a Decidir participó activamente en las marchas por la legalización del aborto. –¿Qué mirada tienen sobre el estatus jurídico del embrión, uno de los puntos más fuerte del discurso de los sectores conservadores de la Iglesia Católica y evangélica? –Para algunas implicó en algún punto poner en discusión el precepto de la Iglesia de que existe vida desde la concepción. Algunas, las de mayor edad, desconocían la condena de la Iglesia Católica cuando abortaron siendo muy jóvenes. Y señalaron que se habían enterado a partir del documental El Grito Silencioso, que lo habían visto después de abortar. Es decir, la idea de que el embrión fuera una persona no era una concepción que ellas traían de antes. Tiene que ver con que la Iglesia Católica en los últimos 20 o 30 años ha reforzado esa idea. Lejos de deconstruir, esas mujeres mayores habían construido una idea del embrión como personas. Muchas, de todas formas, no la compartían. –¿Y la idea del castigo de Dios aparece en sus creencias? –Justamente en ese proceso algunas sentían que Dios las iba a castigar. Y ese sentir de que Dios las perdonaba había sido el único alivio para la culpa. Pero otras no, habían atravesado un proceso de reformulación de la imagen de Dios, que Dios no las juzgaba, que las había apoyado. Una dijo incluso que ella sentía que Dios la había acompañado en la experiencia de abortar. Si uno piensa lo que sucede cuando una persona se somete a cualquier tipo de intervención médica, que piensa que Dios la protege, por qué no pueden las mujeres que abortan sentir que también las está cuidando en esa instancia y se expusieron a riesgos en contextos de clandestinidad.